Martín Satí
Surcando los ríos digitales de la modernidad artística, mora un artesano de la paleta cibernética en la vibrante Sevilla. Este artista gráfico, dibujante de ilusiones pixeladas, pintor de esquemas virtuales, diseñador de líneas intangibles y escultor gráfico de formas efímeras, ha pulido su destreza en las tradicionales aulas de la Universidad de Sevilla y refinado su visión en la contemporaneidad de la Universidad de Winchester. Es el alquimista de una materia prima revolucionaria, «Silicone Pie», un desafío constante y fluido, comparable a la cerámica en manos de un alfarero, donde líneas y colores danzan en un perpetuo cambio, otorgando a cada obra un latir enérgico y vivaz. Su meta es humanizar esta gelatina digital, moldeando emociones tangibles a través de un lenguaje visual cultivado por años, para conectar, tocar y vibrar junto a los corazones de aquellos que se sumerjan en su arte.
Martín Satí
Mi trabajo es el resultado de un proceso de maduración pictórica cuyo origen se inicia en el diseño e ilustración digital para recalar finalmente en la construcción de la forma.
Me considero un artesano gráfico que intenta expresarse a través de un lenguaje visual que he ido elaborando con los años. Mi idea es conectar con las personas y humanizar el medio tecnológico para ponerlo al alcance de las emociones.
Metodología de trabajo / SILICONE PIE
Con los años he podido experimentar, no un estilo ni una disciplina de trabajo, sino una «sustancia digital» que suelo usar como base para modelar mis dibujos. Este material lo he denominado Silicone Pie.
Algo parecido al trabajo del escultor que busca nuevos materiales para crear sus obras o al pintor que fabrica sus propias pinturas. En mi caso, debido a que las herramientas son digitales, he tenido que buscar un recurso gráfico para componer mis ilustraciones.
El Silicone Pie está hecho de simples líneas y colores, pero resulta difícil de manipular al estar en constante movimiento. Esto quiere decir que las obras no terminan nunca de fluir, son cambiantes y tienden a direccionarse hacia cualquier parte. Se pueden deformar, estirar y juntar unas partes con otras. Es como crear una escultura con un material semilíquido. A veces es una locura y un caos el manejar todo esto, pero por otra lado le da al trabajo una expresividad muy enérgica y vivaz. De esta forma soluciona, en parte, el problema que suele dar un medio digital, que puede resultar muy controlado y frío.
– » Trabajo con este material, al que suelo llamar ‘Silicone Pie’, como un artesano trabaja con cerámica. Doy forma a las masas de color con líneas de movimiento hasta lograr un nivel de resultados óptimo».
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