Foni Ardao
Bio
Foni Ardao (Gijón, 1972) es arquitecto técnico por la Universidad de Alicante. Pionero del movimiento skater en los 80 en Asturias, constituye en él un referente activo, como skater e instructor. De vocación artística temprana y desarrollo autodidacta, la afición por el dibujo y la pintura le han acompañado siempre. Su obra gráfica se extiende a cuadros, murales, instalacionesy de ocio, cartelería, estampación en todo tipo de soportes e ilustración editorial.
Ha protagonizado diferentes exposiciones en
Asturias y realizó trabajos para distintas organizaciones, profesionales y sectores de actividad. «Colorista, espontáneo, fresco, un punto naif , naturaleza y vida ofrecen en su trazo creaciones interesantes». La música está también en su paleta. Parte activa del hardcore emocional mediterráneo de los 90, Foni Ardao ha tocado en grupos como Crayfish y Blindside , entre otros. A su lado, hoy, una guitarra, un cajón… o cualquier otro instrumento que le provoque.
Foni padece una inclinación natural hacia el dibujo, que le lleva a pintar lo que le sale al encuentro en su vida, en su mundo. Y, así, aparecen la mar, los pájaros y otros animales, las setas —siempre la naturaleza—, los niños, las gallinas… o un ukelele. «Es el día a día», dice el artista, que dibuja lo que ve, en imaginativa combinación. «Una mirada libre, limpia, azul y verde (marina y rural), juguetona, tranquila, un punto tierna y siempre certera, que capta la esencia que luego lleva al pincel, físico o virtual». Y lo hace sobre cualquier soporte. Puede ser un lienzo o un papel, pero también una tabla de skate , un tronco de madera o un vaquero.
Foni
De las olas de Gijón emergió un alma creadora, Foni Ardao, artífice de líneas y colores que danzan en su mundo. Arquitecto de sueños, skater pionero, músico de emociones, su corazón late en cada trazo que esculpe en lienzo, madera o incluso en una tabla de skate. Colorista y espontáneo, su arte es un abrazo tierno a la naturaleza y la vida, una mirada juguetona que se pierde en el mar azul y en el verde de lo rural, en el canto de los pájaros y en el sonido de una guitarra, en la inocencia de los niños y en la simpleza de una gallina. Una mirada libre, que encuentra en cada encuentro una inspiración, una historia, una melodía.