David Gómez Alandi
Escala, esquía, camina por la montaña ya sea a pie o en bicicleta, y sobrevuela en parapente cuando se presenta la oportunidad, con una experiencia tan vasta que es mejor no entrar en detalles.
Desempeña diversos roles como guía de montaña y viajes, profesor de esquí e instructor de parapente; y en sus momentos libres, pinta. Naturalmente, pinta montañas. Aquellas en las que ha estado, ya sea andando, esquiando, escalando, o como suele suceder a los alpinistas, aquellas montañas con las que ha soñado en algún momento. Su arte se inspira en los colores de la roca, las sombras, las luces, los tonos de musgos o líquenes, y los recuerdos que afloran en el momento de dibujarlas.
Recientemente, sus dibujos han alcanzado lugares tan distantes como Alaska, Vancouver, Portland, Nueva York, Utah, Londres, Chamonix, Bruselas o Courmayeur, y los encargos desde otros lugares continúan llegando.
Las montañas son fuente de inspiración para ascenderlas o descenderlas, para plasmarlas en pinturas y para disfrutarlas con la simple contemplación. Posee una visión colorista y casi lisérgica de las montañas del mundo. Los colores y formas le evocan sentimientos de disfrute, compañerismo y belleza; las tres cosas que busca al salir al monte. Esto le aleja de las ideas contemporáneas de «conquista», «victoria» o «reto», que están tan en boga en estos días, pero que están muy alejados de su concepto personal de disfrutar en paisajes que perduran en su retina y, sobre todo, en su memoria.
David Gómez Alandi
En la eterna danza de montañas y cielos, se despliega una visión lisérgica y colorista del mundo, donde un alma errante se funde con la naturaleza. La roca, los musgos y líquenes se convierten en una paleta viva, que trasciende la conquista y el reto, y se sumerge en un abrazo de disfrute, compañerismo y belleza. Es una oda a lo eterno, a los paisajes que no solo capturan la retina sino que residen en la memoria, lejos de la victoria y más cerca del corazón; es el eco de un sentimiento, el reflejo de una vida dedicada a celebrar lo sublime en cada rincón del monte.